Prefacio:
La muerte
Lo veo,
en esa caja de cartón donde su cuerpo reposa, una caja echa de dos más pequeñas
pegadas para hacer que parezca lo más cercano a un ataúd, no tenemos tanto
dinero para un ataúd, esto fue lo único para lo que alcanzo.
Esta historia
no es feliz, si eso pensaste vete, no sigas leyendo, huye y refúgiate en tu
cuarto, en tu casa, con tus amigos, olvida esta historia y espera a que pase. Ojala
y yo fuera como tú, con la oportunidad de elegir, elegir si seguir aquí o estar
como tú, feliz.
Veo como
la caja de cartón con mi padre dentro entra en las profundidades de la tierra. Yo
no lloro, tengo que ser fuerte para mi madre y mi hermano Simon, ellos están desechos,
están abrazados y llorando, consolándose uno al otro, el ya no está más.
Mi madre
está muy triste, creo que es hora de volver a casa.
-Mama-empiezo,
mi voz tiene un tono sutil. Creo que está bien para hablar con ella en este momento-
es mejor si nos vamos, ya no tenemos nada que hacer aquí, ven vamos a casa
-Está
bien hija-dice mi madre mientras se lleva a Simon cargado como cuando tenía 4
años y se quedaba dormido en el sillón. Que tiempos. Nunca volverán.
Llegamos
por fin a casa, mama lleva a Simon a su recamara mientras yo me voy a la mía.
Recuerdo
aquellas imágenes, mi padre muerto, ahorcado en su armario, jugábamos escondidas aquel dia.
Recuerdo sus últimas palabras ‘‘no te preocupes Simon, Kay nunca nos encontrara.
Al menos no vivos’’, no vivos, ahora lo entiendo, este era su plan. Se suicido.
Era de esperarse, después de que lo despidieran de las bodegas de
almacenamiento nos quedamos en la quiebra, ya no podíamos comprar comida y la
poca que teníamos ya se estaba acabando, bueno se está acabando, no sé qué será
de nosotros cuando se acabe.

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