Capitulo: 2
La
muerte
De nuevo
La muerte no es más que una vieja amiga, a ella la
recordamos todos, en todas partes, siempre. A ella la vemos muchas veces en la
vida, otras tantas mientras morimos y muchas más en nuestra nueva vida… es un
ciclo sin fin: naces, vives, mueres, vuelves a nacer, vuelves a vivir y vuelves
a morir, es algo repetitivo y tedioso pero aun así todos lo haremos algún día.
Veo de nuevo la caja de cartón entrar a las
profundidades del suelo, solo que esta vez algo es diferente, no es mi padre
quien descansa ahí dentro, quien en verdad está ahí es… mi madre.
Todo comenzó cuando mi madre y yo hacíamos inventario
sobre toda la comida que teníamos, era muy poca, pero aun así nos dudaría
meses.
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-tal vez deberíamos reducir las raciones-dice mi
madre mientras ve una caja de semillas.
¿Reducir raciones? ¿Cómo se le ocurre eso?, durante
todo el tiempo que hemos pasado desde que mi padre murió hemos estado comiendo
semillas y mas semillas, un solo puño pequeño dos veces por día es todo nuestro
alimento.
-¿estás loca?- le digo a mama- si hacemos esto
moriremos ¿no lo vez?- le grito, me siento mal por hacer eso, pero mama debe
entender que no podemos hacer lo que dice, sería un suicidio, lento y doloroso.
Sufrimiento-¿mama?- pregunto, tiene la mirada fija en el aire, esta como ida.
-estoy bien- dice como si volviera a la vida- tienes
razón Kay, desde ahora no tendrán problemas conmigo.
¿Problemas? ¿A qué se refiere con eso? No lo sé,
pero mientras no sea nada malo todo está bien.
Voy a mi cuarto, subo las escaleras que dan de
frente a la puerta principal y camino hacia el final del pasillo donde mi
cuarto espera, en el trayecto oigo una voz
-¿Kay?-dice la voz, volteo hacia ella y es Simon que
está en su cuarto- tuve una pesadilla, estaba soñando con comida, enormes
cantidades y variedades, pero de pronto, una deliciosa tarta de fresa creció y
se convirtió en un gigante que me quería comer.
-¿y que tiene de malo? Es solo tarta, no pasa nada-
le digo tranquilizándolo
-¿Qué no lo vez? ¡Tenía que ser al revés! ¡Yo me lo tenía
que comer a él! No él a mi- dice exaltado, es algo muy gracioso, me estoy
riendo pero parece que a el no le causa mucha gracia- ¿de qué te ríes?
- de nada- le digo tratando de disimular mi risa-
anda vete a la cama
- pero, la tarta gigante
- no te preocupes las tartas gigantes siguen
teniendo el mismo sabor que una de tamaño normal
-¡enserio!- me dice feliz ahora que sabe que se
puede comer la tarta gigante del sueño
-anda vete a acostar, ojala le ganes a esa tarta- le
digo aun riéndome
Simon, mi pobre hermano, ojala yo pudiera soñar así
como el, yo si le ganaría a esa tarta gigante ¿o no? ¿Será que la tarta me coma
como a Simon?, pero que estoy diciendo, yo ya no creo en nada de eso, estoy muy
grande, aun así me gusta pensar de nuevo como niña, me consuela hacer eso.
Estoy en mi cuarto, acostada, son las 2 am, quiero
ir al baño, me levanto de la cama y voy hacia él, en mi casa solo hay dos
baños, uno abajo y otro arriba, hoy el baño de arriba está descompuesto y no
hay dinero para arreglarlo así que tengo que ir al de abajo. Bajo las escaleras
y todo está muy oscuro, el baño esta a la derecha, me asomo para ver si alguien
está ahí y así es, me acerco para ver quién es: Simon o mama; nunca hago eso,
pero esta vez sentí un impulso para hacerlo, al acercarme a la puerta que está
cerrada pude escuchar un lamento, - mi madre- digo a mis adentros. Un grito,
proviene del baño, donde esta mi madre, abro la puerta y la veo, ahí tirada,
recostada en la tina con las muñecas sangrando, en ese momento me viene a la
cabeza - desde ahora no tendrán problemas conmigo-¿ será que lo habrá planeado
todo, como mi padre?, ¿ahora quien sigue?, yo, Simon, no lo sé pero esto no
puede seguir así, no sé qué decirle a Simon, pero sé que al despertarse el
preguntara por mama, llorara peor que con mi padre y yo no puedo permitirme
hacer eso.
Yo no puedo llorar.

